No sé por qué de un tiempo a esta parte las ganas de llorar se me quedan en la garganta como si hubiera una membrana que impidiese que continuaran su camino al exterior. Se quedan ahí dando golpes sordos intentando derribarla. Por mucho esfuerzo que hagan siempre terminan rindiéndose, hundiéndose de nuevo hacia el pecho, esperando otra oportunidad mejor para salir.

"Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo"
– Nietzsche